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Ahora que me doy cuenta de lo que pasa veo al universitario como un individuo de conducta lerda y desorientada. Qué espanto, los hay que envejecen prematuramente en las aulas, se atiborran de conocimientos y se convierten en personas respetables, hacen de la suficiencia un estilo de vida, comienzan a competir, quieren ganar, han madurado; por otra parte existen aquellos que transitan por los pasillos con otro tipo de intenciones, están de paso, nunca llegaran a nada. Lo que les une a todos es ese llegarse con las maletas bien vacías, dispuestos a llenarlas con prolíficas experiencias y pormenores emocionales.
Lo cierto es que las experiencias que uno acumula en la Universidad no sirven absolutamente para nada, acaso para adornar la nostalgia que sobreviene mas tarde, cuando son otras las obligaciones que aguardan cada mañana al salir de la cama. A pesar de todo, la vida que espera fuera de las aulas ya asoma bajo la puerta, con su patita enharinada, dispuesta a llevarse a dentelladas la carcajada lerda del universitario.
Cuando paseo por la calle y veo a esos racimos de universitarios que caminan apremiados por el minutero, me asalta una repentina sensación de extrañamiento y ternura, me gustaría zarandearlos, advertirles de los peligros que traen los treinta, pero son precisamente estos treinta los que me han enseñado a dejar el curso de las cosas tal y como uno se las ha encontrado.
A nosotros nos gustaba sentarnos en una mesa y charlar de nuestros folleteos con las muchachitas de provincias que venían a la facultad tiernas, desnudas, para realizar su educación sentimental con la boquita abierta. No sé por qué, pero cada vez que leo este poema me acuerdo de ese catedrático que a veces se sentaba con nosotros y nos contaba los trapicheos mundanos de los poetas que adorábamos.
CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA¿ De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, dejar atrás un sótano más negro que mi reputación -y ya es decir-, poner visillos blancos y tomar criada, renunciar a la vida de bohemio, si vienes luego tú, pelmazo, embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, zángano de colmena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares últimos de la noche, los chulos, las floristas, las calles de la madrugada y los ascensores de luz amarilla cuando llegas, borracho, y te paras a verte en el espejo la cara destruida, con ojos todavía violentos que no quieres cerrar. Y si te increpo, te ríes, me recuerdas el pasado y dices que envejezco. Podría recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo casual y que tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de treinta años, y que tu encantadora sonrisa de muchacho soñoliento -seguro de gustar- es un resto penoso, un intento patético. Mientras que tú me miras con tus ojos de verdadero huérfano, y me lloras y me prometes ya no hacerlo. Si no fueses tan puta! Y si yo supiese, hace ya tiempo, que tú eres fuerte cuando yo soy débil y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa de pánico, de pena y descontento, y la desesperanza y la impaciencia y el resentimiento de volver a sufrir, otra vez más, la humillación imperdonable de la excesiva intimidad. A duras penas te llevaré a la cama, como quien va al infierno para dormir contigo. Muriendo a cada paso de impotencia, tropezando con muebles a tientas, cruzaremos el piso torpemente abrazados, vacilando de alcohol y de sollozos reprimidos. Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, y la más innoble que es amarse a sí mismo!
Se llama Robert Allen Zimmerman, y es Dios. Hoy le han dado el Príncipe de Asturias de las artes pero seguramente, al recibir la noticia, habrá hecho un gesto de mofa.
Fiel a mis costumbres, taza y media.
Scorsese, antes de los créditos de No Direction Home, nos ofrece la grabación de uno de los momentos cumbres en la historia de la música contemporánea.
1966, Highway 61 Revisited está dando sus primeros pasos y la gira por Inglaterra está resultando un infierno. Miles de seguidores increpan a Dylan cada noche, ¿Por qué toca con una banda?, ¿Dónde quedó aquel tipo enjuto y agarrado a una guitarra acústica que reinventó la canción Folk?, en los camerinos señores, animando a su banda a pesar de los bufidos del respetable que espera su actuación.
Cuando el judío abandona los camerinos para salir al escenario Scorsese para la cinta, alguien increpa a Dylan desde el público - ¡Judas!, puede oírse, pero el espectador no ve absolutamente nada, simplemente genial, una metáfora impecable.
Luego aparece Dylan de nuevo, ya en el escenario, manteniendo el tipo e increpando a la voz anónima. Acto seguido se dirige a su banda para pedirle que toque bien fuerte, jodidamente fuerte……
Caviar señores, mal que les pese.

Lovefool The Cardigans
A través del rebaño, entre los peinados ensortijados, yo los veía bailar. A veces venían a parar al mostrador, acto seguido se marchaban, camino de la mesa de operaciones. Uno estaba abriéndose paso entre el humo, junto a la cabina de la música, sacaba las manos de los bolsillos y movía los antebrazos, el otro se acercó un momento, señalando un grupo de hienas, terminaron por marcharse, las hienas.
Entonces uno se quitó los guantes, el otro se retiró la mascarilla, tomó aire, parecieron darse un respiro, sudaban como pollos…Luego se retiraron juntos, cerca de las vigas, al cobijo de un foco de quirófano, azul. Uno dijo algo, el otro le respondió, y siguieron arrastrándose hasta detenerse, inquietos, junto a la pared enmoquetada. Entonces un loro vino a posarse por accidente junto al otro, que sonreía, satisfecho, y el de más allá advirtió el movimiento, pero se quedó quieto, esperando órdenes, mirando culos, esparciendo saliva a golpe de escarpelo.
Después siguieron deambulando, para volverse a detener y husmear el aire viciado, encendieron cigarrillos, bajo otro foco de quirófano, verde, se echaron el humo a la cara, bailotearon, verdes, golpe de sombra, verdes, golpe de sombra, alienígenas-pensé, y me puse a concatenar esdrújulos interestelares, cósmico, Ganímedes, hija-de-puta-menudo-pedo-me-quiero-ir-a-casa-necesito-tabaco-¿Habrá-amanecido?.El otro se acercó, tomó aire de nuevo, no dijo nada, tieso como un poste, los zapatos forrados de serrín. Me ofreció un trago de su copa, la rechacé de lleno, apenas un gesto y recogió al equipo, se volvieron a replegar, con sus pantalones vaqueros, y sus camisas de domingo bajo la bata verde, pisoteando colillas, cristales, y hojas repetidas de calendario.
Adapta tu puesto, trabaja seguro
La esterilla del ratón que utilizo todos los días en el trabajo presenta un estampado muy práctico en el que se pueden leer unos sabios consejos para los empleados. Se trata de una normativa aplicada a la prevención de trastornos como la fatiga visual ( dada la prolongada exposición de la vista frente a un monitor) , o trastornos muscoesqueléticos ( ocho horas de asiento terminan con cualquier almorrana).
Sin duda lo que más me gusta de la esterilla son los ejercicios que se recomienda llevar a cabo durante los descansos, ahí van:
- Realiza pequeñas pausas periódicas para prevenir la fatiga visual y relajar la tensión muscular.
Lo más significativo de esta recomendación son los dos adjetivos que circundan el sustantivo pausas, por supuesto deben ser pequeñas, aunque también periódicas, pero mucho mejor que sean pequeñas, así que los asesores linguísticos del departamento de riesgos laborales decidieron en su momento anteponer el adjetivo pequeñas para dotarlo de más importancia frente al otro: periódicas.
- Contempla de vez en cuando escenas lejanas
Me encanta esta recomendación, mi favorita, es lírica, sugestiva, solo ha de ser realizada de vez en cuando, ojo, nunca de manera reiterada, de esta manera puede uno perderse en la sucesiva repetición de monitores que abarcan el horizonte de la oficina, o ver como los cuerpos se estremecen en sus sillones ergonómicos frente a intrincadas líneas de código.
Los únicos paisajes lejanos que se me ofrecen son: el culo apurado de alguna compañera que llega tarde, la solemnidad con la que algunos repostan agua mineral en el bidón, o el perímetro acristalado de las peceras en donde los hombres de traje gris gesticulan airados frente a sus teléfonos.
- Realiza movimientos suaves de cuello y cabeza.
Pss, esto es irremediable, yo diría que involuntario, la llegada de una nueva ayudante para el servicio de Sistemas ha incrementado este tipo de ejercicios entre el público masculino, cada mañana asisto a espectaculares movimientos de espinazo para lograr capturar una instantánea de la Minerva del TCP.
- Coloca las palmas de las manos sobre los ojos, manteniéndolos abiertos y sin tocar los párpados, y permanece así 20 o 30 segundos.
Este consejo podéis realizarlo vosotros mismos, no digo más.
- Realiza movimientos que favorezcan la circulación sanguínea: estiramientos, dar algunos pasos, etc…
Estiramientos: a las ocho y media de la mañana los más abundantes son los de mandíbula, bostezos leoninos, y los dactilares, algún que otro dedo hurgándose las fosas nasales.Dar algunos pasos, que no paseos, o sea que me levanto de la silla, doy cuatro pasos y me vuelvo a sentar, absurdo, ¿verdad? Y por último etc.., ese etc… es un concepto muy genérico al que nos agarramos todos y que abarca múltiples actividades, el cigarro de entrehoras, el café de las once, el almuerzo de las dos, el cigarro y el café de las cinco, bla, bla, bla.
Y digo yo, ¿Por qué velará esta gentuza tanto por mi salud?
Un regalo.Matar a una araña antes de disponerse a dormir no es un acto vandálico, es simple supervivencia. Dicen que el ser humano, a lo largo de su vida, ingiere durante el sueño un centenar de arañas, asombroso, ¿verdad?, pero esta no es mi preocupación, lo verdaderamente inquietante es levantarse de la cama con una picadura y llevársela todo el día puesta por ahí, a merced de la intemperie y las miradas.
Como quiera que sea, las picaduras en la cara no pueden ser olvidadas, a las más mínima mueca ya viene el escozor a recordarnos que ahí está, instintivamente tendemos a palparnos la zona, como regocijándonos en el dolor que provoca y pensando infelizmente que a la siguiente auscultación ya no va a estar ahí, nada más lejos de la realidad. Para colmo quien te mira a la cara cuando llevas una picadura parece centrar toda su atención en esa protuberancia dolorosa e incómoda, un martirio al fin y al cabo, de eso se trata.
Así que matar a una araña antes de disponerse a dormir es un acto de supervivencia, aunque, ¡ay amigo!, también es un acto lírico, pues si en el preciso momento en que uno sorprende al escurridizo inquilino recorrer la pared tiene en las manos el Canto a mí mismo de Whitman, debe usarlo irremediablemente como arma de aplastamiento, en efecto, sin concesiones a la pulcritud del libro o el gotelé. Y entonces viene la sorpresa, ese cuerpo descascarillado ante la presión del libro, - la mano empuja con saña, aplicando una muerte dulce y fulminante -, deja un poso de sangre precisamente en este verso: cada átomo mío también es tuyo, y es cuando uno apaga la luz y se acuesta abrumado por la causalidad, o la casualidad, o como coño quiera llamársele a este tipo de cosas.