
No puedo ponerles rostro, pero había tipos que lucían impunemente la pulsera de acceso al recinto, roída y bien visible en su muñeca, dos semanas pasado el festival. A mi pandilla le causaba mucha gracia este detalle de ostentación musical barata y bailábamos frente a ellos la última parte de esta canción a lo Ian Curtis, nos gustaba el final porque era muy de la Velvet Underground, que era en realidad la música que nos gustaba escuchar en aquel momento en el que todo el mundo iba con camisetas rotas y AllStars de segunda mano.
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