Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2007.
Para el loco y todos los que aprecian a Springsteen vaya mi canción favorita, me faltan los dedos de la mano para contar los años que llevo sin escuchar Tunnel of Love, y eso que anduve una temporada sin hacer otra cosa más que ponerlo una y otra vez.
Buena cosecha la del 87, si se me apura única, ya pondré una lista de discos publicados aquel año, entre otros The Joshua Tree.

Bryan Ferry Don´t Stop The dance
Doña Barbitúricos se consolaba pensando que algún día un príncipe azul vendría a rescatarla del tedio, mientras tanto pasaba la vida y algunos la acechaban por las esquinas, esperando que los salpicara algún resquicio de su perversidad sexual – esa que a golpe de boca a boca había tomado cuerpo en los mentideros del Instituto - .
Doña Barbitúricos tenía una imponente mata de pelo y una boquita de piñón que silbaba distraída, - una boquita desvalida por la falta de brillantez – decían algunos.
Mientras silbaba doña barbitúricos, muy segura de gustar, nos dejaba asomarnos a su escote, porque doña Barbitúricos tenía un generoso escote pero muchos complejos, y además hacía preguntas tontas que detonaban las carcajadas de la pandilla. Al final optaba por quedarse en silencio, rumiando sus meteduras de pata, a esas horas en que los camareros barrían con premura el piso del café y las niñas se reían por nada.
Pero Doña Barbitúricos no se dejaba intimidar por sus complejos, quería ser artista, y empezó con el piano por imposición paterna. El piano terminó por servirle de apoyo a un acuario lleno de peces multicolor, porque doña Barbitúricos se había cansado de tocarlo a los dos años, ahora quería ser veterinaria, cumplir con labores sociales, y le gustaban los peces, adoraba los elefantes y las mariposas.
Doña Barbitúricos tenía manitas de porcelana y fumaba porros muy afectada, tal y como había visto hacerlo en las películas. También tenía sus particularidades, de pequeña le habían regalado una muñeca y en un acceso de rebeldía le había cortado el pelo de estropajo y la había lanzado sobre un armario. Su padre, alarmado por tan extraño comportamiento, la llevó en volandas a un loquero. Desde aquel día doña Barbitúricos se sorbía los mocos cada jueves en unas sesiones de relajación muy gratificantes, y muy caras también, de la mano de un psicólogo que terminó abordándola en su consulta cuando ya le habían despuntado los pechos.
Como terapia de choque su padre - ilustre profesor local- le leía la Biblia por las tardes al calor de una botella de Ginebra. Su madre los había abandonado a todos el día de su primera comunión y no había dado señales de vida en siete años. No me extraña.
Quizás por aquello Doña Barbitúricos le abría sus piernas de cristal a los personajes más lerdos de la noche, los mismos que luego se iban dando baños de vanidad por los mostradores, contando que la muchachita era un volcán en la cama y que follaba como si le fuera la vida en ello para luego dejarla arrojada por cualquier esquina y desaparecer.
Lo peor era que luego tocaba soportar sus llantinas y sus ataques de pánico durante aquellos domingos de resaca, cuando pasada la tormenta erótico- festiva del sábado doña Barbitúricos echaba en falta sus bragas y reunía a toda la pandilla para desahogar su culpa, - la desinhibición ya había sido desahogada la noche anterior -.
Pero bueno, doña barbitúricos salía airosa de cualquier penalidad, era una muchachita moderna y allá donde soplara el viento ella estaba la primera.
Una vez pintó un cuadro que sólo le gustó a ella, lo rompió en otro acceso de rebeldía. Entonces decidió ser escultora y de aquella faceta extrajo la fabricación de jabones artesanales. Como doña Barbitúricos siempre andaba apurada de dinero decidió montar un tenderete en una calle céntrica para venderlos, y no le fue del todo mal, alguna que otra señora se llevó aquella tarde una pastilla de Romero a su casa para retrasar la menopausia.
“ Frótesela alrededor del pubis dos veces por semana, si le aplica una mezcla de Almíbar tiene efectos afrodisiacos, su marido estará satisfecho” – y doña Barbitúricos se retiró a su casa aquel día muy feliz, contando las pesetas que le habían dado sus jabones.
A los cuatro días le llegó una denuncia del Ayuntamiento, a doña Barbitúricos se le había pasado pedir a las autoridades una licencia de venta ambulante, era muy despistada, todo le salía mal.
Pero ahora doña Barbitúricos se pasea por las calles con un mochuelo que la dobla en edad. Hace dos meses visitó Kenia y vivió una experiencia estilo Cielo Protector, sigue siendo artista.
Una vez estábamos en su casa y sonó una canción.
- Coño – exclamé- , Bryan Ferry. Me gusta mucho.
- Pssss – musitó doña Barbitúricos –mi padre me lo pone después de leerme la Biblia.
Bueno, pues aqui estamos otra vez. El blog ha quedado un poco mutilado y los ultimos articulos se han perdido, afortunadamente tengo una copia de seguridad, para colmo no se que le pasa a mi teclado ( notese la ausencia de acentos en este comentario ), es para morirse de risa.......

Carlos y el ruido
Lo llamaré Carlos, por respeto a su intimidad, aunque todo el mundo le conoce por su segundo nombre, ese con el que de pequeño jamás se presentaba a los desconocidos. Desconocía si ahora seguiría practicando esa costumbre, anoche me enteré de que sí, sigue haciéndolo….
Como era habitual estábamos en su cuarto, construyendo una montaña de colillas y apurando el whisky de su padre, quien de vez en cuando asomaba por la puerta, soltaba un chascarrillo, y nos lanzaba con complicidad un paquete de Winston. De casta le viene al galgo, y el galgo de Carlos corría apurado, ya lejos de las faldas de mamá, y cada día estaba más delgado, y le había dado por vestir de negro y escuchar música hipnótica.
En el cuarto de Carlos habíamos aprendido muchas cosas, sobre todo a fumar cien cigarrillos, entre aguas de borrajas y convicciones de cemento. En sus paredes se habían cerrado tratos y alguna que otra promesa, allí se labró el futuro de lo que no hemos llegado a ser, pero sobre todo dentro y fuera de su cuarto habíamos hecho algo muy importante: crecer juntos, amarrados a la misma sombra de tránsito y peteneras, porque en realidad se trataba de eso, días de tránsito, acumulando visiones sin saber muy bien por donde andaban nuestros pasos ni mucho menos donde nos llevarían.
Tan despreocupados e insolentes nos habíamos vuelto que algunos conocidos que nos veían por la calle ya empezaban a eludir el saludo. Nos gustaba sacar de quicio a la gente, levantarle las enaguas a la noche, esa puta decolorada que se cocía en oscuros sumideros en donde la tarea más gratificante era follarse a tu propia sombra. El resto del mundo era tan aburrido que habíamos decidido darle la espalda, por eso no transigíamos con nada ni con nadie, nos bastábamos a nosotros mismos y nunca era suficiente, nunca ha sido suficiente.
En el cuarto de Carlos yo solía sentarme sobre el rebujo de una cama sin hacer y él en su sillón ergonómico, a los pies de su IBM. Un poster de Mark Knofler presidía hierático la escena, también había una lámina con el mapa extendido de la Tierra Media y una librería en donde Maquiavelo compartía espacio con las tazas de café, con los libros de la segunda guerra mundial y las gorras mutiladas por el sol, con los mecheros gastados y los corchos de botellas míticas, aquellas estanterías eran tan disparatadas y entretenidas como los recuerdos que albergaban
Cuando Carlos abría la puerta de su armario para ponerse su abrigo de oficial de las SS Elena Christensen sonreía coqueta desde allí y alguna que otra Play-Boy mal escondida venía a caer al suelo, junto a sus botas de motorista, siempre lustrosas y bien cepilladas.
Cazadora y botas le daban a Carlos un aspecto muy marcial y respetable cuando se paseaba por la calle, con esa solemnidad tan rígida que le caracterizaba y le sigue caracterizando. Porque Carlos no era muy consciente por entonces, pero siempre ha sido todo un carácter, incluso cuando ya estaba despuntando ese tipo hermético y exigente que ha llegado a ser.
A pesar de su fachada severa también tenía sus momentos íntimos en los que te abría su libro de familia o te ofrecía la lectura de sus Estados Superiores de Conciencia, un cuaderno en el que iba anotando tránsitos y escapadas, pero sobre todo viajes de vuelta.
Entre aquel ambiente de su cuarto en ocasiones se colaba del patio interior el chunda chunda del vecino, siempre a excesivo volumen, muy ofensivo y molesto para nosotros.
Entonces Carlos miraba la ventana con desprecio y mascullaba aireado algún insulto para el vecino, aprovechando cuerda arremetía contra el mundo y terminábamos los dos dándonos la razón hechos un ovillo de comunión fraterna, brindando por nuestros vicios coyunturales y nuestro espíritu trasgresor.
Aquella tarde Carlos decidió darle una lección de ruido al vecino de abajo……

Bob Dylan Rainy day Women
Cuando me asomé a la ventana para contemplar el final de la tormenta no encontré nada insólito en el paisaje. Hacía apenas unos minutos que el viento y la lluvia lo habían dejado todo patas arriba, - una molesta alianza – pensé mientras observaba al anciano que parado junto al paso de cebra intentaba reparar la concha mutilada de su paraguas. Tras forcejear con el mecanismo el hombre había optado por desprenderse del amasijo de varillas lanzándolo a un contenedor, luego había desaparecido por una esquina, maldiciendo, y en ese punto cesó la tormenta pero el viento se había quedado incordiando a las ramas de los árboles.Contemplé luego la plazoleta, con mi recién estrenado título bajo el brazo y no sentí ni un atisbo de emoción, absolutamente nada, salvo pereza y ganas de emborracharme. Un nutrido grupo de niños reanudaban sus juegos allí abajo y las palomas volvían a batallear sobre las migajas esparcidas por el suelo, más allá el cielo cobrizo abrigaba al paisaje invernal, desapareciendo en un horizonte brumoso, casi inalcanzable, allá donde el sol de las cinco se difuminaban entre la niebla que pronto lo envolvería todo.Pasaban coches, de los portales salían racimos de gente retomando el trayecto malogrado por la tormenta. La tarde se quedó suspendida entre el aroma a eucalipto y tierra mojada. Me acordé entonces del judío errante y busqué el Blonde on Blonde entre los discos que ya estaban criando polvo en el estante. Tenía una melodía pegada en los labios que me había acompañado durante todo el día, cuando Dylan empezó a cantar voceé con él el estribillo: “ But I would not feel so all alone, Everybody must get stoned “

The Doors Summer´s Almost Gone
Estábamos Jeremías y yo acodados en el mostrador del café Gijón, recogiendo las cenizas del verano, contemplando somnolientos el puesto inhabitado del cerillero anarquista. Jeremías se revolvió en su banqueta y se acercó a leer la placa: “Aquí vendió tabaco y vio pasar la vida Alfonso, cerillero y anarquista. Sus amigos del café Gijón “, luego regresó para apurar su chupito de hierbas.
Serían las tres de la tarde, finales de verano. El café nos había recibido con una bofetada de silencio acentuada aún más por su aspecto sucio y avejentado, la ausencia de decoración era alarmante, de una austeridad incómoda, llena de lamparones y puntos ciegos. A veces una bombilla, o la salpicadura de una placa de latón rememorando el nombre de gente que ni el loco ni yo conocíamos. Para colmo el aspecto de sus baños no difería mucho al de una letrina de estación.
Nos estábamos preguntando si aquello formaba parte de un plan prefabricado, si pudiera tratarse de un brillo de sobriedad española para deslumbrar a los turistas europeos, esos que toman Madrid y sudan en sus tabernas y espectáculos nocturnos mientras su extenuada población ha emigrado a la costa en estampida.
El caso es que allí estábamos, recogiendo las cenizas del verano, y observando el traqueteo desganado de los camareros, hombres galantes y canosos, todos uniformados y al borde de la prejubilación.
La mayoría de la clientela se repartía por la terraza de Recoletas, en el interior apenas dos mesas ocupadas, una por un turista alemán que le estaba dando la merienda a una de sus hijas, y la otra por un figurín español, muy estirado y acompañado de una mujer de unos treinta años, vestido ceñido, pose chulesca, muy segura de gustar.
De manera que allí estábamos, recogiendo las cenizas del verano, mientras fuera la gente se arracimaba por la Castellana para ver la última etapa de la vuelta ciclista, mientras las niñas guardaban sus bikinis en el armario y cubrían resignadas su bronceado con los primeros fríos de septiembre.
- El verano es a las mujeres lo que la navidad a los niños– le dije a Jeremías.
- Adiós verano, adiós -, recitó mientras el camarero le reponía el vaso de chupito.

Pasé por el despacho de la becaria y examiné su mesa, allí reposaba lustroso, a pesar del desorden que gobernaba el resto del escritorio, el último libro de Isabel Allende con la portada bien visible.
- Es muy triste – comentó.
Estaba de espaldas a mí , fingiendo ajetreo mientras revolvía unos papeles en el archivador
- Acaba muy mal.
- ¿El qué?
- El libro.
- ¿Qué libro?
- El que te has quedado mirando, el de Isabel Allende
- ¡Ah!, no, ando buscando unos adhesivos, voy a tejuelar.
- Claro – dijo– enseguida te paso unos.

Happy Mondays Kinky Afro
Se nos ponían los dientes muy largos viendo por la tele a todos esos macarras bailando en Hacienda, mejor hubiese sido no tener parabólica, habríamos sido muy felices en la estulticia de los ochenta y quizás ahora no tendríamos ese asco tan patológico por la música española.
Sí, definitivamente la parabólica tuvo la culpa de todo, digamos que fue el principio, muy tímido, pero principio al fin y al cabo. Sólo cuando se sale de un agujero empieza uno a preguntarse qué demonios hacía allí dentro, y en el negro agujero de la música española todo tenía un tufillo populista y vulgar que nos irritaba, ahora la cosa ha evolucionado a peor y ya no nos irrita porque no somos tan pasionales como antes, hemos llegado a una conclusión tardía: criticar lo vulgar es en si misma la más vulgar de las costumbres. Pero estábamos hablando de la parabólica, esa que nos permitía asomar la puntita de la nariz por la música anglosajona, la de las islas claro, olvidemos las barras y estrellas por tan solo un momento.
Como siempre ocurre en esta España de pandereta la cultura Rave llegó ya trasnochada a nuestras costas, a principios de los noventa, para colmo la transformamos en un movimiento muy chungo y castizo, de muy mal gusto: la ruta del bakalao. Aquí apaga y vámonos, aún sufrimos sus consecuencias….. Pero joder, qué bien suenan los Happy Mondays, que alegría que me dan, le entran ganas a uno de salir a la calle y mear encima de un coche tuneado.

Windows Vista
Bajo a la tierra y cambio de tercio para relajar el blog y para comentar mi odisea personal con este dichoso sistema operativo, pero empezaremos por el principio, que todo tiene su razón de ser y este incidente no podía ser menos. Después de parchear mi querido PC de sobremesa con una placa de segunda mano, una RAM robada y una tarjeta gráfica con el ventilador cascado, el pobre diablo ha terminado por fundirse, y mira que lo he reparado veces, que le he metido caña a su procesador, que le he hecho mil chuflas en la placa y nada, un bendito jabato, pero claro, el pobre rendía en ocasiones al límite de sus posibilidades, últimamente era imposible trabajar a gusto con él, ibas a retocar una foto, a meterle un par de frases a esa novela que algún día será premio Nadal, y se quedaba bloqueado, inerme, agonizante…
Así que nada, llevaba apenas un mes de romería por todas las tiendas de informática y al final he optado por un portátil, nada de lujos, lo justo para poder trabajar a gusto, pues bien, he andado toda la tarde entretenido con el aparato y su atractivo sistema operativo del cual puedo extraer las primeras impresiones. Ahora viene lo bueno:
- No me ha llamado nada la atención su diseño, hay un slide panel a la derecha al que no le encuentro muy bien el sentido y la interfaz de las carpetas es una tremenda pijada
- El menú inicio es menos intuitivo que el XP, para usuarios lerdos será toda una odisea aprender a manejarse con él.
- Si te abres cuenta de administrador el sistema te marea hasta la nausea cada vez que vas a hacer algo raro ( entre las alertas del antivirus y este detalle uno acaba hasta los cojones de darle permiso al sistema para abrir hasta una puta foto )
- No arranca rápido y te come RAM de cojones, incluso en ocasiones le veo más lento que el XP ( agregar/quitar programas, por ejemplo)
Así a bote pronto esto es lo primero que puedo decir, ya iré recopilando más impresiones, pero lo verdaderamente singular es la incompatibilidad con otras aplicaciones, con Office XP no he tenido problemas, pero ¡ay amigo!, quiero hacerme una copia de seguridad del sistema y no veo manera, normalmente uso Ghost para crear imágenes del disco duro pero no me deja instalarlo, luego voy a la página de Microsoft y me entero de que Windows Vista puede hacerte una imagen del disco duro con cuatro clics pero que eso es para versiones profesionales, mi versión (Home Basic o algo así) no me lo permite:HI-JOS-DE-PU-TA.Sobre el tema de las incompatibilidades con archivos descargados ningún problema, visualizo todo lo descargado anteriormente previa instalación de codecs claro, otro gallo cantará cuando pruebe NERO, que todavía no lo he hecho, fijo que no me deja instalarlo. Al menos chuta bien en red con otro ordenador que tira con XP y recibe la conexión principal de Internet.En definitiva, el portátil estaba de oferta y por cojones tenía Vista preinstalado, sino de qué, así que la solución en cuanto me tope con nuevos problemas es pegarle el formateo y vuelta a XP, pero antes de esto a ver como me lo monto para hacer una imagen del disco duro con Vista y los drivers originales.Así están las cosas, así se lo hemos contado.