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The Wedding Present . Dont Touch That Dial 
Qué verano más extraño.
La vida es así.
No hay mal que por bien no venga.
Yo bien, ¿Y tú?
No te preocupes.
Qué se le va a hacer.
Ya aprenderás.
Qué sueño tengo.
Lo vas a romper.
Eres un crack.
Hasta luego.

 Hasta los cojones de frases hechas 

R.E.M Leave

Porque somos nietos de los riffs, hijos de los pregrabados, primos de los samplers, yernos de la distorsión y padres de las letras autodestructivas, pero sobre todo, amantes de los principios contundentes.
Recomiendo un volumen no inferior a 20 para escuchar esta canción.
 

It's under, under, under my feet
The scene spread out there before me
Better I go where the land touches the sea
There is my trust in what I believe

Un regalo.
 Matar a una araña antes de disponerse a dormir no es un acto vandálico, es simple supervivencia. Dicen que el ser humano, a lo largo de su vida, ingiere durante el sueño un centenar de arañas, asombroso, ¿verdad?, pero esta no es mi preocupación, lo verdaderamente inquietante es levantarse de la cama con una picadura y llevársela todo el día puesta por ahí, a merced de la intemperie y las miradas.
Como quiera que sea, las picaduras en la cara no pueden ser olvidadas, a las más mínima mueca ya viene el escozor a recordarnos que ahí está, instintivamente tendemos a palparnos la zona, como regocijándonos en el dolor que provoca y pensando infelizmente que a la siguiente auscultación ya no va a estar ahí, nada más lejos de la realidad. Para colmo quien te mira a la cara cuando llevas una picadura parece centrar toda su atención en esa protuberancia dolorosa e incómoda, un martirio al fin y al cabo, de eso se trata.
Así que matar a una araña antes de disponerse a dormir es un acto de supervivencia, aunque, ¡ay amigo!, también es un acto lírico, pues si en el preciso momento en que uno sorprende al escurridizo inquilino recorrer la pared tiene en las manos el Canto a mí mismo de Whitman, debe usarlo irremediablemente como arma de aplastamiento,  en efecto, sin concesiones a la pulcritud del libro o el gotelé. Y entonces viene la sorpresa, ese cuerpo descascarillado ante la presión del libro, - la mano empuja con saña, aplicando una muerte dulce y  fulminante -, deja un poso de sangre precisamente en este verso: cada átomo mío también es tuyo, y es cuando uno apaga la luz y se acuesta abrumado por la causalidad, o la casualidad, o como coño quiera llamársele a este tipo de cosas.

Adapta tu puesto, trabaja seguro 

La esterilla del ratón que utilizo todos los días en el trabajo presenta un estampado muy práctico en el que se pueden leer unos sabios consejos para los empleados. Se trata de una normativa aplicada a la prevención de trastornos como la fatiga visual ( dada la prolongada exposición de la vista frente a un monitor) , o trastornos muscoesqueléticos ( ocho horas de asiento terminan con cualquier almorrana).

Sin duda lo que más me gusta de la esterilla son los ejercicios que se recomienda llevar a cabo durante los descansos, ahí van:

- Realiza pequeñas pausas periódicas para prevenir la fatiga visual y relajar la tensión muscular.
Lo más significativo de esta recomendación son los dos adjetivos que circundan el sustantivo pausas, por supuesto deben ser pequeñas, aunque también periódicas, pero mucho mejor que sean pequeñas, así que los asesores linguísticos del departamento de riesgos laborales decidieron en su momento anteponer el adjetivo pequeñas para dotarlo de más importancia frente al otro: periódicas.
- Contempla de vez en cuando escenas lejanas
Me encanta esta recomendación, mi favorita, es lírica, sugestiva, solo ha de ser realizada de vez en cuando, ojo, nunca de manera reiterada, de esta manera puede uno perderse en la sucesiva repetición de monitores que abarcan el horizonte de la oficina, o ver como los cuerpos se estremecen en sus sillones ergonómicos frente a intrincadas líneas de código.
Los únicos paisajes lejanos que se me ofrecen son: el culo apurado de alguna compañera que llega tarde, la solemnidad con la que algunos repostan agua mineral en el bidón, o el perímetro acristalado de las peceras en donde los hombres de traje gris gesticulan airados frente a sus teléfonos.
- Realiza movimientos suaves de cuello y cabeza.
Pss, esto es irremediable, yo diría que involuntario, la llegada de una nueva ayudante para el servicio de Sistemas ha incrementado este tipo de ejercicios entre el público masculino, cada mañana asisto a espectaculares movimientos de espinazo para lograr capturar una instantánea de la Minerva del TCP.
- Coloca las palmas de las manos sobre los ojos, manteniéndolos abiertos y sin tocar los párpados, y permanece así 20 o 30 segundos.
Este consejo podéis realizarlo vosotros mismos, no digo más.
- Realiza movimientos que favorezcan la circulación sanguínea: estiramientos, dar algunos pasos, etc…
Estiramientos: a las ocho y media de la mañana los más abundantes son los de mandíbula, bostezos leoninos, y los dactilares, algún que otro dedo hurgándose las fosas nasales.Dar algunos pasos, que no paseos, o sea que me levanto de la silla, doy cuatro pasos y me vuelvo a sentar, absurdo, ¿verdad? Y por último etc.., ese etc… es un concepto muy genérico al que nos agarramos todos y que abarca múltiples actividades, el cigarro de entrehoras, el café de las once, el almuerzo de las dos, el cigarro y el café de las cinco, bla, bla, bla.
Y digo yo, ¿Por qué velará esta gentuza tanto por mi salud?


Lovefool The Cardigans 

A través del rebaño, entre los peinados ensortijados, yo los veía bailar. A veces venían a parar al mostrador, acto seguido se marchaban, camino de la mesa de operaciones. Uno estaba abriéndose paso entre el humo, junto a la cabina de la música, sacaba las manos de los bolsillos y movía los antebrazos, el otro se acercó un momento, señalando un grupo de hienas, terminaron por marcharse, las hienas.

Entonces uno se quitó los guantes, el otro se retiró la mascarilla, tomó aire, parecieron darse un respiro, sudaban como pollos…Luego se retiraron juntos, cerca de las vigas, al cobijo de un foco de quirófano, azul. Uno dijo algo, el otro le respondió, y siguieron arrastrándose hasta detenerse, inquietos, junto a la pared enmoquetada. Entonces un loro vino a posarse por accidente junto al otro, que sonreía, satisfecho, y el de más allá advirtió el movimiento, pero se quedó quieto, esperando órdenes, mirando culos, esparciendo saliva a golpe de escarpelo.

Después siguieron deambulando, para volverse a detener y husmear el aire viciado, encendieron cigarrillos, bajo otro foco de quirófano, verde, se echaron el humo a la cara, bailotearon, verdes, golpe de sombra, verdes, golpe de sombra, alienígenas-pensé, y me puse a concatenar esdrújulos interestelares, cósmico, Ganímedes, hija-de-puta-menudo-pedo-me-quiero-ir-a-casa-necesito-tabaco-¿Habrá-amanecido?.El otro se acercó, tomó aire de nuevo, no dijo nada, tieso como un poste, los zapatos forrados de serrín. Me ofreció un trago de su copa, la rechacé de lleno, apenas un gesto y recogió al equipo, se volvieron a replegar, con sus pantalones vaqueros, y sus camisas de domingo bajo la bata verde, pisoteando colillas, cristales, y hojas repetidas de calendario.

Fiel a mis costumbres, taza y media.

Scorsese, antes de los créditos de No Direction Home, nos ofrece la grabación de uno de los momentos cumbres en la historia de la música contemporánea.

1966, Highway 61 Revisited está dando sus primeros pasos y la gira por Inglaterra está resultando un infierno. Miles de seguidores increpan a Dylan cada noche, ¿Por qué toca con una banda?, ¿Dónde quedó aquel tipo enjuto y agarrado a una guitarra acústica que reinventó la canción Folk?, en los camerinos señores, animando a su banda a pesar de los bufidos del respetable que espera su actuación.

Cuando el judío abandona los camerinos para salir al escenario Scorsese para la cinta,  alguien increpa a Dylan desde el público - ¡Judas!, puede oírse, pero el espectador no ve absolutamente nada, simplemente genial, una metáfora impecable.

 Luego aparece Dylan de nuevo, ya en el escenario, manteniendo el tipo e increpando a la voz anónima. Acto seguido se dirige a su banda para pedirle que toque bien fuerte, jodidamente fuerte……

Caviar señores, mal que les pese.


 Se llama Robert Allen Zimmerman, y es Dios. Hoy le han dado el Príncipe de Asturias de las artes pero seguramente, al recibir la noticia, habrá hecho un gesto de mofa.



Ahora que me doy cuenta de lo que pasa veo al universitario como un individuo de conducta lerda y desorientada. Qué espanto, los hay que envejecen prematuramente en las aulas, se atiborran de conocimientos y se convierten en personas respetables, hacen de la suficiencia un estilo de vida, comienzan a competir, quieren ganar, han madurado; por otra parte existen aquellos que transitan por los pasillos con otro tipo de intenciones, están de paso, nunca llegaran a nada. Lo que les une  a todos es ese llegarse con las maletas bien vacías, dispuestos a llenarlas con prolíficas experiencias y pormenores emocionales.

Lo cierto es que las experiencias que uno acumula en la Universidad no sirven absolutamente para nada, acaso para adornar la nostalgia que sobreviene mas tarde, cuando son otras las obligaciones que aguardan cada mañana al salir de la cama. A pesar de todo, la vida que espera fuera de las aulas ya asoma bajo la puerta, con su patita enharinada, dispuesta a llevarse a dentelladas la carcajada lerda del universitario.

Cuando paseo por la calle y veo a esos racimos de universitarios que caminan apremiados por el minutero, me asalta una repentina sensación de extrañamiento y ternura, me gustaría zarandearlos, advertirles de los peligros que traen los treinta, pero son precisamente estos treinta los que me han enseñado a dejar el curso de las cosas tal y como uno se las ha encontrado.

A nosotros nos gustaba sentarnos en una mesa y charlar de nuestros folleteos con las muchachitas de provincias que venían a la facultad tiernas, desnudas, para realizar su educación sentimental con la boquita abierta. No sé por qué, pero cada vez que leo este poema me acuerdo de ese catedrático que a veces se sentaba con nosotros y nos contaba los trapicheos mundanos de los poetas que adorábamos. 

CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

¿ De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,  dejar atrás un sótano más negro  que mi reputación -y ya es decir-,  poner visillos blancos  y tomar criada,  renunciar a la vida de bohemio,  si vienes luego tú, pelmazo, embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, zángano de colmena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares  últimos de la noche, los chulos, las floristas, las calles de la madrugada y los ascensores de luz amarilla cuando llegas, borracho, y te paras a verte en el espejo la cara destruida, con ojos todavía violentos que no quieres cerrar. Y si te increpo, te ríes, me recuerdas el pasado y dices que envejezco. Podría recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo casual y que tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de treinta años, y que tu encantadora sonrisa de muchacho soñoliento -seguro de gustar- es un resto penoso, un intento patético. Mientras que tú me miras con tus ojos de verdadero huérfano, y me lloras y me prometes ya no hacerlo. Si no fueses tan puta! Y si yo supiese, hace ya tiempo, que tú eres fuerte cuando yo soy débil y que eres débil cuando me enfurezco...

De tus regresos guardo una impresión confusa de pánico, de pena y descontento, y la desesperanza y la impaciencia y el resentimiento de volver a sufrir, otra vez más, la humillación imperdonable de la excesiva intimidad. A duras penas te llevaré a la cama, como quien va al infierno para dormir contigo. Muriendo a cada paso de impotencia, tropezando con muebles a tientas, cruzaremos el piso torpemente abrazados, vacilando de alcohol y de sollozos reprimidos. Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, y la más innoble que es amarse a sí mismo!

 

U2 Dirty Day 

Era febrero pero los adornos de navidad aún pendían de la única lámpara que alumbraba la estancia. Al descuido de la casa se sumaba la escasa decoración junto con los muebles destartalados a consecuencia de una decena de traslados. Los C. habían deambulado por muchos sitios dado el trabajo itinerante del cabeza de familia, quien evidentemente no estaba en la casa.

El señor venom estaba repantingado sobre el sofá, enseñándonos sus cepilladas botas, la madre de J. lo miraba como queriendo comérselo para el postre mientras este miraba hacia otro lado, entretenido con sus faenas habituales, aquella noche tocaba la de capturar el primero la porción más grande de Pizza, al fin y al cabo estábamos en su casa, por cortesía había que cederle el paso a su ansiedad y hacerse un poco el tonto, dejar que la noche siguiera su curso habitual, que su madre sacara el whishy después  de cenar.

Serían las doce de la noche, lunes, martes, quién sabe, un día de diario, rutinario y sin obligaciones acuciantes para el día siguiente, lo cierto es que allí nadie estaba dispuesto a irse a dormir con aquel ambiente tan acogedor y aquellas charlas tan peculiares. La madre de J. era experta en perfumes, fanática de la casa Chanel, por ello solía aburrirnos con disquisiciones acerca de los efectos saludables del sándalo y la menta. Era una niña bien venida a menos, de retórica artificiosa, una de esas mujeres que pretenden transmitir distinción y finura en sus semejantes, sus intenciones quedaban expuestas y malogradas por un detalle que siempre me ha resultado insufrible en la mujeres, cuando hablaba movía las manos excesivamente, haciendo tintinear toda la bisutería con la que acostumbraba a forrar sus muñecas, llámenlo manías de exquisito, lo cierto es que no lo soportaba entonces ni mucho menos ahora.

En la casa también vivía el benjamín de la familia, el pequeño R., a quien le habían reservado el cuarto más lejano del salón para que su sueño no se viera alterado por el jaleo de las visitas. El chaval irrumpía de vez en cuando para hacerse notar, totalmente desvelado y vestido con su pijama. Le llevaban los demonios cuando nos veía allí reunidos con su madre, sobre todo a esas horas y de tal guisa, con la mirada turbia, el humo dulce, incluso el señor venom solía descalzarse cuando ganaba confianza. Era realmente conmovedor ver la estampa del crío en el quicio de la puerta del salón, primero examinaba las botellas repartidas por la mesa, luego olisqueaba el aire con su naricilla y en última instancia miraba los ojos vidriosos de su madre, con ese aire tan severo y censor, inapropiado para un niño de su edad, entonces el crío soltaba alguna queja para reclamar atenciones y acto seguido ella se levantaba rezongando del sofá para acompañarlo hasta su cuarto. Este momento era de vital importancia para J., a quien su hermano se la traía floja y prefería quedarse en su sillón para, aprovechando la ausencia de su madre, rasparle una china a la piedra de Hachís que acaudalaba la señora en una cajita de taracea. 

Cuando ésta regresaba de ejercer sus funciones solía proponer otro porro, siempre bajo el consentimiento del señor venom y la diligencia presurosa de su hijo, quien a parte de robar chinas ya había aprendido a liar canutos con los ojos cerrados.Y se nos iban las noches de esta manera, hablando de chorradas, de viajes astrales, de perfumes y actores atractivos. A nosotros el hachis nos cerraba la boca, por eso la madre de J. conducía la conversación creyéndola muy interesante.  A pesar de su edad era una mujer instalada a perpetuidad en el presente, en los usos y costumbres de una generación que había parido y que quizás le resultara más interesante que la suya, o puede que se hubiera quedado en los veinte años y por eso le gustaba estar con nosotros dándose baños de juventud. Ni por asomo nos acercábamos a las experiencias vitales que ella atesoraba y jamás confesó -salvo cuando el whisky le desataba la lengua y a veces el llanto-, pero nuestra presencia le resultaba entretenida e interesante.Si hubiéramos tenido un poco más de picardía hubiéramos destapado sus intenciones al instante, el señor venom supo callarse y no destapó el pastel, además, hay ciertas cosas que no se le pueden hacer a un amigo, lo que venía a suceder era que a nosotros nos gustaba estar juntos bajo techo caliente, por aquel entonces hacíamos piña y ni siquiera nos asomábamos al escote de las chicas de nuestra edad…..

Una noche nos vimos un Zoo TV con subtítulos en español. Sonó Dirty Day  y se la dedicamos al señor venom. No sé por qué, creo que fue la madre de J. quien lo apuntó con el dedo nada más leer traducidos los primeros versos. 

Sex Pistols Pretty Vacant 

Cuando mi madre se largó de casa aquella tarde encontramos una nota manuscrita por ella en la cocina: Tenéis lasaña en el congelador, no olvidéis fregar después de cenar.Han pasado ya diez años de aquello y ninguno de los dos se ha atrevido a tocar la lasaña, ahora es un pedazo de hielo parduzco, un grumo irregular condenado al fondo de uno de los cajones. De vez en cuando tropezamos con él, yo en particular me quedo mirándolo un rato hasta que decido abrir otro cajón y me olvido del tema, el viejo apenas abre el congelador, se alimenta con sopas de sobre y huevos duros, no ha levantado cabeza.

A veces viene un gorrión a la terraza para llevarse las migas que esparce el viejo después de comer, todo gorrión que se posa en la barandilla deja un recuerdo allí de su paso, un minúsculo excremento que acumulado con los restantes han formado una salpicadura solidificada que forra el suelo y las paredes, si te quedas mirando un rato el suelo de la terraza adviertes como los excrementos han formado a capricho la silueta de un palmeral en medio del desierto.

El otro día se lo comenté al viejo. Estaba narcotizándose con uno de esos reportajes de sobremesa, me miró con sus ojos de carnero y al instante volvió la vista sobre el televisor.

- Estás como una puta cabra – contestó –baja esa música.

Elvis Presley Suspicious Minds 

Había como un brillo pelele e insomne en las pupilas del viernes. Los imberbes nos repartíamos  por el local aferrados a combinados baratos cuyo contenido estirábamos hasta la nausea. Todo iba a medias, desde el tabaco hasta la cerveza, también había un bote común para las ilusiones, ¿Quién se fue con él?, algunos, en ese empeño tan frecuente por negarse el peso de los años aún siguen preguntándoselo. Pero en los locales del viernes los muchachos estrenábamos nueva vida y las niñas entraban arracimadas por la puerta, hechas un ovillo de minifaldas y risitas.

No había muchas convicciones, todo era humo barato y un rumor de nido superpoblado despertándose ante la vida. Todo el mundo estaba preocupado por agradarse, solíamos celebrar los encuentros con los compañeros de clase con mucha pompa, como se saluda a un amigo que hace años no vemos, en realidad compartíamos pupitres y recreos todos los días, pero nos emocionaba coincidir en lugares ajenos a las aulas o los futbolines. 

También había rostros distinguidos, pobres diablos que ahora no han llegado a nada pero que por aquel entonces brillaban entre el barullo vulgar de nuestra presencia, eran glorias locales respetadas por su historial sentimental y delictivo que dividían aguas a su paso y se mezclaban entre la chusma con cara de palo. 

Aquella noche, antes de llegar a la barra y sentarse a mi lado, Chema había entrado amarrado al talle de su novia, dando firmes taconazos y esparciendo serrín, al instante la había aparcado con un grupo de amigas que sentadas en un banco corrido se reían a carcajadas. 

-   Ven - me dijo a los cinco minutos, - esta música que suena es una puñetera mierda, ¿Quieres oír al Rey?, agarra el Gin-Tonic y vamos a mi Panda.  

Le hice un gesto de indiferencia y al instante meneé la cabeza en dirección a su novia.No te preocupes – exclamó – , va servida, acabo de pegarle un buen par de polvos en el mirador del Psiquiátrico. 

- Una frase muy contundente – pensé, la auténtica actitud de un roqueta de manual.

We will rock you. Angie. When the music is over. Modern love. Downtown train. Tomorrow never knows. Like a rolling stone. All tomorrow´s parties. Hurt. Us and them. Paranoid android. Alsatian cousin. God save the queen......

 

Os presento a la madre de todas las canciones

 



Había una máquina de laser-disc en un bar que solíamos frecuentar a primera hora, le metías veinte duros y por la pantalla se emitía tu vídeo favorito. Creo que me dejé unas dos mil pesetas en la dichosa máquina, cada vez que entraba tenía la imperiosa necesidad de escuchar esta canción para indiferencia de la parroquia y dolor del dueño.


Kings of Convenience Misread

 

Italia culta y guerrera, el viento del sur nos devolvía ecos solemnes, había un piano de fondo, la melodía se quedaba pegada al paladar, las aceitunas maceradas nos daban mucha sed, y mirábamos un río de olivos secos y manos negras, viejos tiempos, -en serio-, había gente en calzones a los pies de las chozas, hambre, y mucho miedo, capos y tenores se daban la mano por las tardes, durante las verbenas de verano, donde las señoritas se dejan querer y los señoritos acechan bajo los faroles recién estrenados, y el ruido ajado de los acordeones nos traía el recuerdo de los antepasados que perdieron la vida faenando en altamar, perfumes de saldo, polvo de nostalgia y alegría, era como mezclar agua y aceite, era perderse en la charla de dos ancianos que bebían un tinto malísimo a la sombra de un pino, a sus pies se extendía Catania, ya preparada para la noche con su vestido de luces.

 La ciudad sigue durmiendo al cobijo del Etna, Catania – me acuerdo -, la siete veces castigada por la lava, su sueño es ligero y cálido, sus calles estrechas, la brisa sopla a los pies del Domo levantándoles la falda a las muchachas del norte. Ellas tomaban instantáneas del atardecer, era plomizo, casi irrespirable, ríos de lava, mareas de sol, el Mediterráneo les había dorado la piel y la sonrisa, tenían los talones encarnados, sudor acumulado bajo sus vestidos de gasa, canturreaban canciones picantes mientras mojaban sus pies en la fuente y dejaban que las luces se apoderaran de las sombras, se reían por nada, contaban chismorreos, eran felices. A veces pasaba un extranjero que las miraba, un extranjero como tú, que cruzaba la plaza apurado, a ellas les divertía su prisa, era tan artificial, como la sonrisa pintada de un payaso.

Duerme Catania, duerme bajo mis sábanas, deja las cenizas del Etna a mis pies y despiértame mañana.

Los Planetas Un Buen Día 

Adoro esta canción.

Miren, la música española está repleta de canciones de desamor, vivimos en un País muy pasional y no hay perro-flauta o solista galán que no se resista a componer un tema tan mundano como la descripción de ese pequeño descenso a los infiernos que supone una ruptura amorosa. Por lo general tenemos que soportar bodrios insustanciales, muy resobados, lamentos lacrimógenos y pérdidas del sentío y el rumbo existencial.

Hay dos canciones que tratan el tema de otra manera, una es de Sabina y la otra es esta, que parte de esa faceta en la que el espíritu se recompone una vez asimilada la ruptura, aunque la herida tarda en cicatrizar uno se va recuperando. La canción tiene un ritmo alegre y una letra aparentemente vulgar, tan real que te levanta una sonrisa.

Un buen día lo tiene cualquiera, por mucho desamor que haya.

Velvet Underground Heroin 

Sí, el que aparece al lado de Nico es el de los botes de sopa. 

Heroína 

No sé dónde voy, pero alcanzaré el reino si lo intento, además, cuando me meto un pico me siento un hombre y te digo que las cosas no son como parecen, porque cuando voy lanzado me siento como un hijo de Jesucristo……pero…., no sé, he tomado una decisión muy importante: voy a destruir mi vida. Cuando la sangre empieza a fluir, cuando se dispara el émbolo de la jeringuilla y estoy tan cerca de la muerte no podéis ayudarme tíos, ni tampoco todas vosotras, encantadoras muchachas con vuestras dulces palabras, podéis iros todos a tomar por culo, creo que no sé….ojalá hubiera nacido hace mil años, ojalá hubiera navegado por mares en tinieblas en un gran Clipper, yendo de aquí para allá con un traje y una gorra de marinero, lejos de esta gran ciudad donde el hombre no puede ser libre ni escapar de sus demonios ni de él mismo ni de los que le rodean, creo que no sé…

HEROÍNA, sé mi muerte. La heroína es mi esposa, y mi vida, porque una sola dosis corriendo por mis venas llega hasta el centro de mi cabeza y entonces amigo estoy mejor que muerto. Porque cuando el chute empieza a fluir realmente no me importan los payasos que pululan por esta ciudad, ni los políticos con sus ruidos esquizofrénicos, ni todo el mundo pisoteándose entre cadáveres apilados, porque cuando el chute empieza a fluir realmente nada me importa, cuando la heroína viaja por mi sangre y esta llega a mi cabeza agradezco a Dios por estar tan a gusto como un muerto, y doy gracias a Dios porque no me entero de nada, y doy gracias a Dios porque nada me importa, y creo que no sé, creo que no sé…… 

NIN Year Zero 

Agradable sorpresa de vuelta de las vacaciones. El nuevo disco no sale hasta mediados de este mes ( en concreto el día 16) pero como siempre ocurre ya se ha filtrado.

Me consta que más de uno de por aquí agradecerá el enlace ( si es que no ha dado ya con él ).

Me dispongo a escucharlo ahora mismo.Salud para todos y vuelta al tajo

 

Radiohead Como desaparecer completamente

Ese de ahí, ese de ahí no soy yo, voy donde quiero, camino atravesando las paredes, floto por el curso del Liffey, no estoy aquí, esto no está ocurriendo, no estoy aquí, no estoy aquí. En un momento me habré marchado, aunque el momento ya ha pasado, sí, se fue, no estoy aquí, esto no está pasando, no estoy aquí, no estoy aquí.Luces estroboscópicas y altorparlantes, fuegos artificiales y huracanes, yo no estoy aquí, esto no está ocurriendo, no estoy aquí, no estoy aquí.



 

Julio Cortázar Preámbulo de las instrucciones para dar cuerda a un reloj.

 Ya sabéis que tengo una gran debilidad por este inmenso Cronopio.

Acabo de abrir un correo de un amigo en el que hay un fichero en formato mp3 llamado : Preámbulo de las instrucciones para dar cuerda a un Reloj. He querido compartirlo aquí. Escuchad atentamente todas y cada una de sus palabras. Tela marinera.

Queda pendiente un comentario de Rayuela desde hoy mismo.

Para todos los que hayan entrado en este sitio durante estos días y se hayan encontrado la sempiterna pirámide y la dichosa fábula vayan mis disculpas. Llevo ya un tiempo sin publicar nada por aquí y sin darle aire a mis mamotretos, lo más paradójico del caso es que suelo pasarme frente a la pantalla de un ordenador unas ocho o nueve horas diarias,- grata tarea cuando se trata de rastrear webs o hacerle parir a la mula, pero un auténtico infierno si se le aplica otro tipo de usos-.

Ya sabéis, me he metido de cabeza en una vorágine de códigos y rutinas, lo he mandado todo a tomar por culo y he cambiado de aires, por eso he necesitado un periodo de adaptación de al menos una semana y así poder asimilar todos los contenidos que me están metiendo a presión en la cabeza, ocho horas diarias de clases matan al mas pintado….Y bueno, aún no llego a la categoría de programador pero en poco tiempo ya he advertido los sinsabores de este oficio tan ingrato y traicionero. Uno se pasa horas delante del editor dándole vueltas al código para luego, a la hora de ejecutarlo, enfrentarse con resignación a errores inesperados que te tienen otras cuantas horas depurando líneas, la cosa no acaba aquí, faltaría más, cuando el programa parece funcionar lo hace a su manera, siempre hay algo que se te ha escapado, y entonces, ay amigo, se te quedan las retinas pegadas a la pantalla y te dan ganas de aplastar el teclado contra la cabeza de tu compañero porque claro, si te dieras a ti mismo golpes de teclado en la crisma no sentirías ni el más mínimo cosquilleo, tienes el cerebro licuado y para colmo hirviendo.

También hay momentos felices, por ejemplo cuando le das al botón inicio y apagas el sistema, y te levantas de la silla y sales al mundo real, en donde luce el sol ( parece mentira ) y  hay gente que pasea por la puta calle sin estar atrapada en un bucle o en una rutina que no termina de encajar.

La vida, mal que nos pese, también es un fichero secuencial.En fin, tengo en mente varios artículos por publicar,  matrix no terminará con mi blog, os lo aseguro.