SPEED BALL

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La noche que murió River Phoenix había muchachitas muy afectadas en los bares. Recuerdo que corrieron torrentes de rimel barato y sollozos de cachemir. Se agotaron los clínex y los mocos, y las copitas de vodka con lima.  

Los rentistas del llanto femenino sacaron partido de sus hombros. Lograron rozar con sus labios la tibieza de un cuello que palpitaba a cada sollozo, para llevarse luego a la boca aquel poso dulzón y pesado de don Algodón, que era el perfume favorito de las hijas del SuperPoP, y se quedaba impregnado en las yemas de los dedos acompañando a otras secreciones más íntimas e inaccesibles.

- Te regalo un chinito de la suerte si dejas de llorar.

Pero la niña seguía con la mirada ausente, con su flequillo cardado y su rimel barato,  invocando entre lamentos las películas del guapo, la del  chapero que sufría narcolepsia en carreteras secundarias de Idaho, la del bronceado en la costa de los mosquitos. El niño guapo que nunca sonreía ni se soplaba el flequillo.

Infarto, dijeron los primeros informativos, infarto de efedrina, coca y caballo.

Dicen que entró al local con su novia de la mano, en la otra llevaba una guitarra. Pacto de silencio en Viper Room, versiones confusas de las superestrellas, yankis adolescentes, politoxicómanos que al parecer no vieron nada.

Al parecer Johnny Depp no le dejó tocar aquella noche de Halloween porque en el escenario se movían convulsas todas las jóvenes promesas de Hollywood y no quiso cortarles el rollo. Entonces al guapo le entró tal berrinche que decidió refugiarse en el baño para tomar todo lo que cayó en sus manos.

Tras el pelotazo empezó a encontrarse mal. Algo no le funcionaba bien. Le faltaba el aire y pedía ayuda con los ojos desorbitados. La mano del diablo le suministro un valium que en lugar de calmar los potros desbocados que trotaban por sus arterias detonaron tres ataques epilépticos.

Nadie sabe a ciencia cierta si salió del baño por su propio pie, o si bien lo arrastraron ya cadáver hasta la calle. Allí estuvo tendido sobre el asfalto durante al menos un par de minutos, hasta que le sobrevino un infarto.

No respondió a los primeros auxilios, ni a los tortazos de reanimación que le propinaron sus amigos y el personal de la ambulancia que acudió en su ya imposible salvación.

Después nada. Absolutamente nada. Silencio y un altar improvisado en el asfalto con velas y sus tomas más agradecidas, el mismo altar de siempre, los plañideros de siempre pasando frío y enjugándose las lágrimas con la mirada perdida.

Turistas pasan por allí, y se hacen una foto sobre su muro de piedras negras…y las muchachitas afectadas, las niñas de don Algodón, que ya no tienen consuelo porque la muerte del guapo se hundió en el olvido y porque Hollywood tiene una habilidad especial por sacudirse la mierda marginal de encima. Sino ¿de qué?, ¿acaso no piensan que si la muerte de este muchacho les fuera rentable no hubieran filmado una película de homenaje?. Hipócritas.

13/12/2008 18:02 Autor: rictus. Hay 1 comentario.

VIRUS

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Terminas de explicarle al nene, por enésima vez, las oraciones impersonales. Antes de irte, con el abrigo en el antebrazo y tras consultar el móvil, el nene mira al techo de su habitación, suspira, luego menea la cabeza en dirección al portátil y dice: “ algo le pasa a mi ordenador”. Ahí empieza todo.

Te acercas al ordenador, lo enciendes con la esperanza de soltar un diagnóstico apresurado, porque te mueres de hambre, son las ocho de la tarde y llevas ya doce horas fuera de casa. El nene menea su naricilla frente a la pantalla, te retira el ratón de la mano “mira”, dice, y te enseña el quesito del disco duro a rebosar. Inevitablemente piensas: emule, carpetas de onanista con acné, películas de sopapos y discos de Estopa, “joder”, le recriminas, “lo tienes a tope”, y el nene te mira triunfante, “ que va”, dice, “ayer mismo grabé todo en estos deuvedés”.

“Está de coña”, piensas, “no es capaz de localizar un puto Objeto Directo así que vamos a ver lo que tiene por ahí”.

Son las ocho y diez, y a cada carpeta explorada ves que el puto crío tiene razón, no hay nada en su disco duro, los vídeos de coches tuneados pegándose piñazos, las fotos de su campamento de verano, las pelis porno, la discografía de Pereza, todo ha sido almacenado en una torreta de cedés.

Te acomodas en la silla, algo pasa, el desfragmentador es un arco iris con ausencia de verde, las carpetas deben pesar 10 GB y el disco duro presenta 50 llenos. Terminas dándole la razón, algo le pasa al ordenador. “Internet tampoco me va”, se lamenta, “¿sabes formatear ordenadores?”.

“Sí”, contestas, y a continuación piensas que tu lengua, en numerosas ocasiones, mejor estaría metida en el ojo del culo. Y todo se desencadena en un instante. La petición que el nene ha barruntado durante toda la hora ha tomado cuerpo, y por su expresión triunfante parece haber recibido ya una respuesta. “Hay otras soluciones para esto”, murmuras, pero el nene menea la cabeza, “no me importa perder archivos”, asegura,”lo he grabado ya todo”.

Y entonces piensas en su madre, en la factura que le pasas a fin de mes por las clases de lengua y en el trabajo extra que te espera. A modo de tregua, antes de lanzarte a la piscina entonas un “mañana vengo un ratín y lo miramos más a fondo”.

El nene queda satisfecho, te despide en la puerta de su casa con una sonrisilla en los labios, y al día siguiente madrugas, a la misma hora que los cuatro anteriores, pero piensas en la ducha, “qué coño, hoy es viernes” y a las once de la mañana  empiezas a elaborar una composición de lugar para el puente que espera, y te acuerdas del nene, y miras Internet, y te enteras de que hay virus que replican carpetas hasta la nausea y de los bloqueos de sectores de memoria y mil cosas que ni entiendes ni quieres entender. A tus espaldas el alumno aventajado de la clase pica código junto a la ventana, puedes levantar tu culo de tu silla, ensayo fallido de ergonomía, dar cuatro pasos y abordarlo por la espalda mientras se pelea con un programa que es para ayer, en lugar de eso le mandas un correo interno, con salutación y una breve explicación del fenómeno del disco duro lleno sin estarlo. Send mail y esperas respuesta, mientras le contemplas el bombo a una compañera preñada que también está picando un programa que es para antesdeayer.

Sabes que  habrá respuesta al correo, y en efecto llega una en la que se sugiere linux y a modo de coña montarle una red invisible al nene para robarle sus archivos. El fenómeno del disco duro sin estarlo le es familiar al alumno aventajado, él ha visto cosas que nosotros no podríamos ni imaginar, amaneceres de datos en los bucles de javascript, todas esas compilaciones se perderán, como caracteres ascii en mitad de un documento con formato.

Sales del trabajo, mal comes y guardas la ropa en casa metiendo los drivers del cacharro del nene en el pincho. Caminas hasta su casa consciente de que al menos te quedan tres horas más para inaugurar el dichoso puente de la Constitución.

Medidas drásticas: las más efectivas. Formateas el cacharro conmovido por los ruegos del nene. Pasas una tarde encerrado en su cuarto bebiendo cocacola y comiendo doritos de queso en una cesta de mimbre. Su madre asoma por la puerta de vez en cuando, “no necesitamos nada” dices, “solo un poquito de paciencia”, piensas. Mientras tanto el nene aporrea las teclas de su teléfono móvil, charlas insustanciales con sus compañeros de clase de las que te hace partícipe, sin tú quererlo. Pero te enseña la pantallota azul mentolada de su móvil 3G, o como coños sea. Te importa una mierda, pero el nene se escojona de la risa cada vez que lee un mensaje nuevo, y piensas en la factura mensual que el nene debe cargar a la cuenta de sus padres mientras descomprimes ficheros y ejecutas interminables procesos de instalación.

Al nene se la trae floja que su disco duro palpite bajo el azote de mil virus, le importa tres cojones exponer sus archivos a cualquier lammer o que la impresora quede a punto para publicar tres Quijotes enteros tras media hora de configuración. Cuando acabas de ejecutar el último driver caes en la cuenta del desastre, piensas en ese cedé de linux que no has metido en el bolsillo, en el alumno aventajado y en la madre que parió a paneque.

Disco de windows pirata, office y demás aplicaciones bien dispuestas y SE TE HA OLVIDADO EL EJECUTABLE PARA EL LAN.

El nene tiene la mirada vidriosa, ensaya un amago de llanto cuando ejecuta el Messenger(su aplicación favorita) y aquello no responde. Busca el icono del ‘chupa-chups”, así lo llama, junto al área de notificación, y no lo encuentra. Tú tampoco lo encuentras, “cómo cojones lo vas a encontrar”, te dices, y maldices tu suerte mil veces mientras el jodío nene te mira con expresión severa, como diciendo “eres un perfecto inútil, tres horas aquí para nada”. Luego entra la madre en el cuarto, que tras un par de horas huele a sobaco y desencanto, “¿te va ya Internet?”, pregunta, y recibe un “no” por respuesta que no sale de ti, sino de la vocecilla lastimera y derrotada del nene. Y es que a la madre le interesa la educación del nene. Ella no entiende de ordenadores, aunque se consume durante ocho horas en un edificio de la administración pública rellenando formularios sobre una pantalla verde cuyo uso ha aprendido a base de cocotazos según explica. Y es que la madre interpreta,  después de alguna charla subvencionada por Telefónica acerca de las nuevas tecnologías en el salón de actos del Colegio, que Internet es beneficioso para su hijo, un apoyo a su aprendizaje y por ende, desde el día de su instalación, resultando fallidos todos los anteriores, el mejor acicate para mantener a su cachorrillo en casa en lugar de perderlo en algún parque haciendo botellón o comprándole caramelos con droga a gitanillos siniestros.

Entonces optas por una retirada a tiempo, ya no hay nada que hacer allí, salvo aguantar el silencio del nene y los consuelos desesperados de esa madre preocupada por el bienestar de su cachorro " tranquilo hijo, puedes pasar el puente sin Internet".

La escena te conmueve, por un instante piensas en bajar a un ciber, meter el dichoso driver en el pincho, subir a su casa de nuevo, configurar la wifi los cojones y tirar para tu sofá con la satisfacción del trabajo bien hecho sobre las espaldas, pero es que te arden las retinas, has nacido para masticar tabaco y derrota a dos carrillos. Te metes la lengua en el culo y te despides con un “hasta pronto, volveré, todo irá bien cuando regrese”. Has pasado tres horas en un templo de la masturbación, sin poder fumar y bajo una bandera del barsa. Te has roto los cojones dejando el PC del puto crío a punto y es como si no hubieras hecho absolutamente nada.

Conclusiones:

1º Conoce mejor a la gente.

2º Dales solo lo que necesitan, el resto les sobra, no te lo agradecerán.

3º Escribe para desahogarte.

4º Menos despistes.

 

 

 

 

 

06/12/2008 00:57 Autor: rictus. Hay 2 comentarios.

miedo

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Me dices : no te preocupes, y cuando lo dices comienza la preocupación, porque antes de que lo dijeras no existía, ni siquiera era una sospecha, pero me dices: ‘no te preocupes, descuida’, y yo no estoy dispuesto a descuidar nada, precisamente ahora que debo cuidarlo todo y vamos cuesta abajo, ¿lo sabes no?.  Ya no vamos descalzos por ahí, hay muchas cosas por las que preocuparse, así que no me jodas, me preocupo si me da la gana, de nada me valen tus consejos, quiero soluciones, y me basto yo solo  para encontrarlas

Si un tipo como tú me dice ‘no te preocupes’ es para echarse a temblar, es como el practicante que me pinchaba el culo de pequeño, la segunda te la pongo sin doler – decía-, no te preocupes, y era aún peor que la primera, salía uno de allí apretando los dientes y conteniendo el llanto ante las niñas que esperaban en la salita su turno con engrudo de miedo en el ombligo. Las niñas buscaban tus ojos para ver si en realidad dolía o bien era como les habían dicho sus padres, un pinchacín de nada. Pero uno le echaba un par,  y componía la cara entonando un hasta luego despreocupado al que solo respondían las mamás.

A mí ya me han pinchado el culo mil veces, maldita alergia de los cojones. Subía las escaleras solo, bajo aquellas luces sin tulipa. Los sillones de la sala de espera eran como de plástico verde y había un diploma en la pared con el nombre del pinchaculos en negrita. Se le oía toser al otro lado de la pared, revolver el instrumental de latón, charlar con algún vejestorio que luego salía cojeando de la consulta. Luego asomaba la cabeza y meneaba el cuello: vamos chaval, y uno le echaba dos cojones y lo acompañaba hasta la habitación de la casa reservada para las torturas.

Bajo la luz de un flexo, mientras observaba el gorgoteo viscoso de una especie de cazo plomizo, me bajaba aquellos pantalones de pana con rodilleras y ponía mis codos sobre la camilla, que olía a humanidad y acetona, aunque la calidad de su cuero era mucho mejor que la de los sofás de la sala de espera.

De cara a la pared intuía los movimientos del pinchaculos, todo a base de sonidos protocolarios, aunque las sombras que se proyectaban sobre la habitación ayudaban a no perderlo de vista, porque yo ponía especial empeño en estar atento a todos sus movimientos aunque los sabía de memoria.

Primero meneaba la ampolla, y la pulsera de su reloj tintineaba durante unos diez segundos, luego le daba dos toques con el dedo índice a la boquilla de cristal y a continuación la rompía, un chasquido peculiar, solo el cuello de una ampolla es capaz de quebrarse con ese ruido tan característico.

Por último aplicaba una gasa embadurnada con alcohol sobre la nalga, y aquello era agradable, fresco, aunque prologaba lo que vendría después, el dolor de mil demonios que te atenazaba el culo y parecía durar un siglo. - Ya está, ale para casa – decía el pinchaculos.

A veces te recibía con un amago de sonrisa en los labios y su aliento despedía un insoportable tufo a vino. Yo me alegraba por dentro de aquella eventualidad porque era cuando menos me dolían las inyecciones y además te soltaba un sugus que te ibas masticando de vuelta, con el culo dolorido.

En fin, mil veces tuve que soportarlo, mil veces caminé con el miedo en el ombligo hasta la casa particular en donde tenía su consulta, mil veces me dijo “no te preocupes” y mil veces me dolió.

Hubiera sido mejor que me hubiera dicho alguna vez : - te va a doler, te dolerá hoy, mañana y pasado, te va a doler siempre chaval, así que aguanta porque tienes dos cojones y no te queda otra - , sin embargo no lo hacía, no lo hacía el maldito cabrón, y si me ponía dos me decía: ‘no te preocupes, la segunda te la pongo sin doler’.

Como te decía, es para echarse a temblar…..tengo derecho a preocuparme.

22/11/2008 21:29 Autor: rictus. No hay comentarios. Comentar.

JOHN LEGEND - PRIDE

Lo que convierte una joya en canción y una canción en leyenda:
Ey!!, President : te observamos de cerca……estamos muy atentos…….

12/11/2008 22:08 Autor: rictus. Hay 3 comentarios.

HELTER SKELTER

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La expresión helter skelter no tiene una traducción literal al español. El significado más aproximado equivaldría a ‘frenético’, ‘atropellado’, ‘agitado’, cualquier acto o movimiento que se ejecuta sin ningún sentido ni causa aparente.

Helter Skelter puede ser la hostia que te meto,  cuando me tocas los cojones, el tifón que levanta tres manzanas de casas o el discurso incoherente del borracho. A elegir.

También es el nombre de un tobogán en espiral que se puede encontrar en los parques británicos, incluso en ocasiones la expresión se usa para calificar el desorden, la inercia,  o una fuga en desbandada.

Helter Skelter es una de esas canciones con historia universal y leyenda aún viva, trono reservado a muy pocas, dicho sea de paso.

Somos conscientes, y más por estos sitios, de que todas las canciones tienen una historia particular que a nosotros ahora no nos ocupa, es más, nos resulta del todo indiferente lo que sonaba en aquella verbena de verano (el puto verano de tu vida), cuando aquella muchachita se dejó hacer bajo las faldas.

Helter Skelter. Sí. Decíamos.

Los Beatles la compusieron para su WHITE ALBUM, 1968, durante una noche regada de alcohol y drogas (18 de julio, Abbey Road).

Paul McCartney quiso ‘disculparse’ con esta canción por su fama de compositor de temas lentos. Siempre fue muy vanidoso, con ese puntito flemático y amariconado que a mí me sigue sacando de quicio. El gran lord, tan distante del resto, nunca encajó demasiado bien las críticas que le apuntaban como el rostro ñoño de los Beatles.

 Unos días antes de meterse en el estudio había leído como la prensa ‘especializada’ arremetía contra un tema de los Who calificándolo de esquizofrénico, así que decidió superar el desafío y darle una vuelta de tuerca más a esa forma tan peculiar de rasgar las cuerdas.

Como siempre ocurría se les dejó total libertad, eran los Beatles, se les permitía todo en el estudio de grabación, así que aquella noche se descontrolaron y empezaron a componer.

Cuentan que Lenon, bastante pasado de ácido, montó pequeñas piras en el estudio de grabación mientras grababa esos alaridos tan característicos de la canción. La batería se desbordaba  por todas partes, hubo que superponer dos grabaciones de percusión, pero los riffs se dejaron como estaban.

A parte de ser la canción más agresiva de su extenso repertorio también es la de mayor duración: la original dura el lisérgico recorrido de 27 minutos. La que ha llegado hasta nosotros es una versión muy reducida que hubo que adaptar a tamaño convencional para su inclusión en el White Album.

La versión de 27 minutos jamás se ha emitido en público, esto alimenta la leyenda, claro está, porque la cinta existe, y mientras unos aún se andan preguntando por qué no ha salido a la luz, otros donarían al menos uno de sus testículos por escucharla.

La letra ha sido interpretada de muchas maneras, aunque Lennon, desmitificando un poco el asunto, declaró que se trataba de una evocación alucinógena de un viaje en tobogán o la sensación que provoca el descenso por una montaña rusa.

Sin ninguna duda, quien mejor o peor supo asimilarla fue Charles Manson.

La expresion “Helter Skelter” fue pintada con sangre de las victimas en las paredes de la mansion de Roman Polanski durante el asesinato de Sharon Tate y otros amigos en 1969, asesinato organizado por Manson, quien a la postre declaró haber utilizado la canción como inspiración de la matanza

Manson habló de ella durante su juicio, para él era la expresión del holocausto por venir y una digna manera de ejemplificar el alzamiento del pueblo negro contra el blanco.

Bendito Manson, te metería en la casa de algún compositor moderno para que montaras allí tu simulacro de holocausto con sus intestinos…..lástima de tercer grado….dichosos americanos.

U2 la recupera en 1988, tras el pelotazo del Joshua Tree. Suelen interpretarla durante ciertas noches y la banda decide rodarla en para abrir su  película-documental RATLE AND HUM.

Unos años después, recorrido el tobogán de arriba abajo, un tipo de Medina decide entrar en un salón de papel albal con ella. Mesas corridas, rostros abotargados, el peso de una decisión que quizás sea Helter Skelter, o quizás no. En todo caso exquisita elección.

Con dos cojones.

 

  

 Charles Manson robó esta canción a los Beatles.

Nosotros la hemos recuperado

 

Cuando llego al fondo

Vuelvo de nuevo a lo más alto del tobogán

Donde me detengo, y vuelvo,

Y me voy a dar un paseo

Hasta que llego al fondo otra vez

Y te veo de nuevo

 

¿No quieres que te ame?

Estoy descendiendo muy deprisa,

Pero estoy a millas de distancia

Por encima de ti

Dime, dime, dime, venga, dime la respuesta

Bueno, puede que seas un amante, pero no eres un bailarín

 

Atropelladamente, atropelladamente, atropelladamente

 

13/08/2008 22:34 Autor: rictus. Hay 4 comentarios.

SE VA...

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Ya se nos va, pensando quizás en ese último cigarro, el letal, el que lo ha tenido amarrado a la cama de un hospital todo este tiempo, quizás se marcha imaginando que conduce un Porsche sobre el asfalto de Daytona. El motor ruge bajo sus pies, la tribuna se estremece. Allí, aún lejos, lo está esperando la gata sobre el tejado de Zinc. Piensa agarrarse a su talle, no queda más remedio. La gata araña ahora, pero promete un final dulce, sin dramas, ni alivios de caricias. Miserable gata, préstale una de tus vidas.

Pero ya es tarde, y él desea morir en su casa, lo tiene todo arreglado. Serán días, no llegará a cuatro o cinco semanas. Cuando todo termine pleitearán por sus últimas voluntades. Hienas, mercenarios, hijos de puta que lo fotografían a la salida del hospital montado en una silla de ruedas.

Me cago en Brad Pitt, Tom Cruise y demás calaña mediática, me cago en los putos actores independientes, en los argentinos y en los bodrios asiáticos.

Aprended mariconas de mierda, se va uno de los grandes, y a mí me jode. Mucho.

 

 

 

11/08/2008 22:57 Autor: rictus. No hay comentarios. Comentar.

QUIJOTE

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Hubo un tiempo definido, apuesto siempre por él, no por la falsa asimilación de ahora. Tiempo: cambio, evolución, degeneración. Hubo un tiempo, digo, en el que pensé que la literatura podría salvarme y ayudarme en eso de entender el mundo.

Caí en la trampa. Pensé que la literatura lograría compensar todo aquello que me escamoteaba una vida insuficiente que nunca me gustó vivir.

En ninguna de sus absurdas manifestaciones me veía integrado. Todo cuanto me rodeaba se me antojaba absurdo e irritantemente vulgar. Era una actitud muy ingenua, la verdad, que afortunadamente ya no me acompaña.

Hasta hace bien poco he comentado con orgullo que mi relación con los libros comenzó cuando ni tan siquiera había aprendido a leer. De niño usaba los volúmenes como entretenimiento para mis juegos. Apilaba los libros en torretas para saltar sobre ellos o para construir fortines inexpugnables de papel.

En aquel cuarto de juegos de la casa de mis abuelos, en aquel ambiente de sordidez literaria, en algún maldito momento debí abrir el primer libro dispuesto a dejarme embaucar. Quizás mi ánimo estaba ya predispuesto antes de que leyera la primera línea. A mí la vida me dolía, y me sigue doliendo, lo que ocurrió fue que la literatura acentuó aún más todos los males que yo atesoraba.

Tempranamente llegué a pensar, - ya infectado de cierto desencanto-, que la literatura me estaba curando, pero ahora que lo pienso era realmente espantoso levantarse deseando ser un insecto rechazado, eso no es ser un buen lector, eso es ser un idiota influenciable.

La primera hostia que se llevó mi vanidad lectora fue una tarde de domingo, en el desaparecido café Maravillas.

Allí nos habíamos citado - dos semanas empezado el primer curso universitario - aquellos que salíamos de nuestros cuartos empapados de candidez y de literatura. Descubrí que había gente mucho más leída que yo, aunque la mayor parte de nosotros nos esforzamos aquella tarde en resultar interesante para el resto. Ahora que lo pienso estábamos realmente infectados, enfermos de literatura.

 Todos y cada uno de nosotros portábamos una insignificante historia, libros de familia convencionales, sin sobresaltos, ninguna muerte de por medio, ni dolores de muelas, ni accidentes de tráfico.

Estrenábamos nuevo viaje con las maletas vacías y los ojos como platos. En el rostro de cada uno yacía calcada la misma expresión lerda y devota de una vida por estrenar.

Aquella noche, ya en la cama y dispuesto a dormir, sentí el arrullo de nuestra conversación en mis sueños y tuve como un calambre estremecedor. Por enésima vez en mi vida me sentí satisfecho con mis actos y caí en el sueño de los justos, o de los imbéciles. Que todo tiene su vuelta de hoja, mire usted.

En cierta ocasión intenté escribir una novela sin tener la menor idea de lo que quería contar. El resultado fue un puñado de párrafos inconexos en los que había pretendido fallidamente contarlo todo.

Como nunca me había parado a determinar la estructura, ni mucho menos un hilo argumental, empleé semanas intentando reparar aquel desastre.

Intenté cohesionar los párrafos, eliminé los adjetivos y aclaré fallidamente una sintaxis tan abrupta que apenas era capaz leer en voz alta cualquier frase sin perder el aliento.

Después de un tiempo, cuando todo el desastre hubo terminado, almacené todo en un archivo de ordenador y no volví jamás a aquellas páginas.

Entre tanto algunos me ofrecían sus textos para que los leyera. Confiaban en mi experiencia lectora, ¡ja!, y aguardaban mis recomendaciones con la intención de mejorar su estilo. Yo descubría, un tanto apesadumbrado, que ellos tenían estilo, yo no, ellos tenían ritmo, yo no, ellos tenían cosas que contar, yo, lamentablemente, NO.

26/07/2008 19:21 Autor: rictus. Hay 5 comentarios.


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