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Diamond Sea de Sonic Youth. Ya empezaba la murga del grunge y los primeros gafapastas tomaban los mostradores de los bares alternativos hablando de sus místicas experiencias en el Festimad.
No puedo ponerles rostro, pero había tipos que lucían impunemente la pulsera de acceso al recinto, roída y bien visible en su muñeca, dos semanas pasado el festival. A mi pandilla le causaba mucha gracia este detalle de ostentación musical barata y bailábamos frente a ellos la última parte de esta canción a lo Ian Curtis, nos gustaba el final porque era muy de la Velvet Underground, que era en realidad la música que nos gustaba escuchar en aquel momento en el que todo el mundo iba con camisetas rotas y AllStars de segunda mano.

de cuando descubríamos la música en los bares

de cuando descubríamos la música en los bares

Antes, hace algunos años, cuando las fuentes musicales españolas estaban contaminadas de "hits" trasnochados, de canciones insípidas que ya no tenían la irreverencia de la “ movida “, cuando los pijos se cortaban los Levi´s 501 a la altura de los tobillos y los postmodernos se cardaban el pelo, llevaban blusas con chorreras, y eran más góticos que la Catedral de Burgos. 

Antes, hace años, cuando no había mulas ni torrents ni nada que se le pareciera, descubrías la música en los bares. Te acercabas un poco acojonado ( con ese miedo al ridículo innato en todo adolescente ) al púlpito sagrado, a la cabina del pincha, porque en mi época se les llamaba pinchas y no dijeys, y con una copita de combinado de garrafa en la mano ( con los hielos ya deshechos hacía rato porque no había dinero para tomarse más ), le decías: - Oye tío ( lo de tío pretendía establecer una complicidad no siempre satisfecha por aquellos rostros severos y chulescos de los pinchas ), ejem, oye tío…..esa canción que acabas de poner…… ¿De quien es? -, y el tipo te decía el grupo a regañadientes, pero con la complacencia del que está iluminando con su sabiduría a un neófito algo pasado de calimocho.

Pues eso, antes, hace años, descubríamos la música en aquellos garitos oscuros, en los bares de la noche que ofrecían siempre idénticas sesiones, y teníamos que gastarnos el dinero en tiendas de importación para conseguir la canción que escuchábamos los sábados, aquellas que nos hacían tocar el cielo con las puntas de los dedos.

Una vez oí una canción, una vez fui aquel atolondrado que venciendo su vergüenza se acercó al pincha para preguntarle su nombre y el de su intérprete. Al lunes siguiente ya estaba encargando el disco en la tienda de importación del centro.
La canción era esta:

Love Like Blood

El grupo, Killing Joke