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Los Planetas Un Buen Día
Adoro esta canción.
Miren, la música española está repleta de canciones de desamor, vivimos en un País muy pasional y no hay perro-flauta o solista galán que no se resista a componer un tema tan mundano como la descripción de ese pequeño descenso a los infiernos que supone una ruptura amorosa. Por lo general tenemos que soportar bodrios insustanciales, muy resobados, lamentos lacrimógenos y pérdidas del sentío y el rumbo existencial.
Hay dos canciones que tratan el tema de otra manera, una es de Sabina y la otra es esta, que parte de esa faceta en la que el espíritu se recompone una vez asimilada la ruptura, aunque la herida tarda en cicatrizar uno se va recuperando. La canción tiene un ritmo alegre y una letra aparentemente vulgar, tan real que te levanta una sonrisa.
Un buen día lo tiene cualquiera, por mucho desamor que haya.

Kings of Convenience Misread
Italia culta y guerrera, el viento del sur nos devolvía ecos solemnes, había un piano de fondo, la melodía se quedaba pegada al paladar, las aceitunas maceradas nos daban mucha sed, y mirábamos un río de olivos secos y manos negras, viejos tiempos, -en serio-, había gente en calzones a los pies de las chozas, hambre, y mucho miedo, capos y tenores se daban la mano por las tardes, durante las verbenas de verano, donde las señoritas se dejan querer y los señoritos acechan bajo los faroles recién estrenados, y el ruido ajado de los acordeones nos traía el recuerdo de los antepasados que perdieron la vida faenando en altamar, perfumes de saldo, polvo de nostalgia y alegría, era como mezclar agua y aceite, era perderse en la charla de dos ancianos que bebían un tinto malísimo a la sombra de un pino, a sus pies se extendía Catania, ya preparada para la noche con su vestido de luces.
La ciudad sigue durmiendo al cobijo del Etna, Catania – me acuerdo -, la siete veces castigada por la lava, su sueño es ligero y cálido, sus calles estrechas, la brisa sopla a los pies del Domo levantándoles la falda a las muchachas del norte. Ellas tomaban instantáneas del atardecer, era plomizo, casi irrespirable, ríos de lava, mareas de sol, el Mediterráneo les había dorado la piel y la sonrisa, tenían los talones encarnados, sudor acumulado bajo sus vestidos de gasa, canturreaban canciones picantes mientras mojaban sus pies en la fuente y dejaban que las luces se apoderaran de las sombras, se reían por nada, contaban chismorreos, eran felices. A veces pasaba un extranjero que las miraba, un extranjero como tú, que cruzaba la plaza apurado, a ellas les divertía su prisa, era tan artificial, como la sonrisa pintada de un payaso.Duerme Catania, duerme bajo mis sábanas, deja las cenizas del Etna a mis pies y despiértame mañana.
Había una máquina de laser-disc en un bar que solíamos frecuentar a primera hora, le metías veinte duros y por la pantalla se emitía tu vídeo favorito. Creo que me dejé unas dos mil pesetas en la dichosa máquina, cada vez que entraba tenía la imperiosa necesidad de escuchar esta canción para indiferencia de la parroquia y dolor del dueño.
We will rock you. Angie. When the music is over. Modern love. Downtown train. Tomorrow never knows. Like a rolling stone. All tomorrow´s parties. Hurt. Us and them. Paranoid android. Alsatian cousin. God save the queen......
Os presento a la madre de todas las canciones

Elvis Presley Suspicious Minds
Había como un brillo pelele e insomne en las pupilas del viernes. Los imberbes nos repartíamos por el local aferrados a combinados baratos cuyo contenido estirábamos hasta la nausea. Todo iba a medias, desde el tabaco hasta la cerveza, también había un bote común para las ilusiones, ¿Quién se fue con él?, algunos, en ese empeño tan frecuente por negarse el peso de los años aún siguen preguntándoselo. Pero en los locales del viernes los muchachos estrenábamos nueva vida y las niñas entraban arracimadas por la puerta, hechas un ovillo de minifaldas y risitas.
No había muchas convicciones, todo era humo barato y un rumor de nido superpoblado despertándose ante la vida. Todo el mundo estaba preocupado por agradarse, solíamos celebrar los encuentros con los compañeros de clase con mucha pompa, como se saluda a un amigo que hace años no vemos, en realidad compartíamos pupitres y recreos todos los días, pero nos emocionaba coincidir en lugares ajenos a las aulas o los futbolines.
También había rostros distinguidos, pobres diablos que ahora no han llegado a nada pero que por aquel entonces brillaban entre el barullo vulgar de nuestra presencia, eran glorias locales respetadas por su historial sentimental y delictivo que dividían aguas a su paso y se mezclaban entre la chusma con cara de palo.
Aquella noche, antes de llegar a la barra y sentarse a mi lado, Chema había entrado amarrado al talle de su novia, dando firmes taconazos y esparciendo serrín, al instante la había aparcado con un grupo de amigas que sentadas en un banco corrido se reían a carcajadas.
- Ven - me dijo a los cinco minutos, - esta música que suena es una puñetera mierda, ¿Quieres oír al Rey?, agarra el Gin-Tonic y vamos a mi Panda.
Le hice un gesto de indiferencia y al instante meneé la cabeza en dirección a su novia.No te preocupes – exclamó – , va servida, acabo de pegarle un buen par de polvos en el mirador del Psiquiátrico.
- Una frase muy contundente – pensé, la auténtica actitud de un roqueta de manual.

Sex Pistols Pretty Vacant
Cuando mi madre se largó de casa aquella tarde encontramos una nota manuscrita por ella en la cocina: Tenéis lasaña en el congelador, no olvidéis fregar después de cenar.Han pasado ya diez años de aquello y ninguno de los dos se ha atrevido a tocar la lasaña, ahora es un pedazo de hielo parduzco, un grumo irregular condenado al fondo de uno de los cajones. De vez en cuando tropezamos con él, yo en particular me quedo mirándolo un rato hasta que decido abrir otro cajón y me olvido del tema, el viejo apenas abre el congelador, se alimenta con sopas de sobre y huevos duros, no ha levantado cabeza.
A veces viene un gorrión a la terraza para llevarse las migas que esparce el viejo después de comer, todo gorrión que se posa en la barandilla deja un recuerdo allí de su paso, un minúsculo excremento que acumulado con los restantes han formado una salpicadura solidificada que forra el suelo y las paredes, si te quedas mirando un rato el suelo de la terraza adviertes como los excrementos han formado a capricho la silueta de un palmeral en medio del desierto.
El otro día se lo comenté al viejo. Estaba narcotizándose con uno de esos reportajes de sobremesa, me miró con sus ojos de carnero y al instante volvió la vista sobre el televisor.
- Estás como una puta cabra – contestó –baja esa música.

U2 Dirty Day
Era febrero pero los adornos de navidad aún pendían de la única lámpara que alumbraba la estancia. Al descuido de la casa se sumaba la escasa decoración junto con los muebles destartalados a consecuencia de una decena de traslados. Los C. habían deambulado por muchos sitios dado el trabajo itinerante del cabeza de familia, quien evidentemente no estaba en la casa.
El señor venom estaba repantingado sobre el sofá, enseñándonos sus cepilladas botas, la madre de J. lo miraba como queriendo comérselo para el postre mientras este miraba hacia otro lado, entretenido con sus faenas habituales, aquella noche tocaba la de capturar el primero la porción más grande de Pizza, al fin y al cabo estábamos en su casa, por cortesía había que cederle el paso a su ansiedad y hacerse un poco el tonto, dejar que la noche siguiera su curso habitual, que su madre sacara el whishy después de cenar.
Serían las doce de la noche, lunes, martes, quién sabe, un día de diario, rutinario y sin obligaciones acuciantes para el día siguiente, lo cierto es que allí nadie estaba dispuesto a irse a dormir con aquel ambiente tan acogedor y aquellas charlas tan peculiares. La madre de J. era experta en perfumes, fanática de la casa Chanel, por ello solía aburrirnos con disquisiciones acerca de los efectos saludables del sándalo y la menta. Era una niña bien venida a menos, de retórica artificiosa, una de esas mujeres que pretenden transmitir distinción y finura en sus semejantes, sus intenciones quedaban expuestas y malogradas por un detalle que siempre me ha resultado insufrible en la mujeres, cuando hablaba movía las manos excesivamente, haciendo tintinear toda la bisutería con la que acostumbraba a forrar sus muñecas, llámenlo manías de exquisito, lo cierto es que no lo soportaba entonces ni mucho menos ahora.
En la casa también vivía el benjamín de la familia, el pequeño R., a quien le habían reservado el cuarto más lejano del salón para que su sueño no se viera alterado por el jaleo de las visitas. El chaval irrumpía de vez en cuando para hacerse notar, totalmente desvelado y vestido con su pijama. Le llevaban los demonios cuando nos veía allí reunidos con su madre, sobre todo a esas horas y de tal guisa, con la mirada turbia, el humo dulce, incluso el señor venom solía descalzarse cuando ganaba confianza. Era realmente conmovedor ver la estampa del crío en el quicio de la puerta del salón, primero examinaba las botellas repartidas por la mesa, luego olisqueaba el aire con su naricilla y en última instancia miraba los ojos vidriosos de su madre, con ese aire tan severo y censor, inapropiado para un niño de su edad, entonces el crío soltaba alguna queja para reclamar atenciones y acto seguido ella se levantaba rezongando del sofá para acompañarlo hasta su cuarto. Este momento era de vital importancia para J., a quien su hermano se la traía floja y prefería quedarse en su sillón para, aprovechando la ausencia de su madre, rasparle una china a la piedra de Hachís que acaudalaba la señora en una cajita de taracea.
Cuando ésta regresaba de ejercer sus funciones solía proponer otro porro, siempre bajo el consentimiento del señor venom y la diligencia presurosa de su hijo, quien a parte de robar chinas ya había aprendido a liar canutos con los ojos cerrados.Y se nos iban las noches de esta manera, hablando de chorradas, de viajes astrales, de perfumes y actores atractivos. A nosotros el hachis nos cerraba la boca, por eso la madre de J. conducía la conversación creyéndola muy interesante. A pesar de su edad era una mujer instalada a perpetuidad en el presente, en los usos y costumbres de una generación que había parido y que quizás le resultara más interesante que la suya, o puede que se hubiera quedado en los veinte años y por eso le gustaba estar con nosotros dándose baños de juventud. Ni por asomo nos acercábamos a las experiencias vitales que ella atesoraba y jamás confesó -salvo cuando el whisky le desataba la lengua y a veces el llanto-, pero nuestra presencia le resultaba entretenida e interesante.Si hubiéramos tenido un poco más de picardía hubiéramos destapado sus intenciones al instante, el señor venom supo callarse y no destapó el pastel, además, hay ciertas cosas que no se le pueden hacer a un amigo, lo que venía a suceder era que a nosotros nos gustaba estar juntos bajo techo caliente, por aquel entonces hacíamos piña y ni siquiera nos asomábamos al escote de las chicas de nuestra edad…..
Una noche nos vimos un Zoo TV con subtítulos en español. Sonó Dirty Day y se la dedicamos al señor venom. No sé por qué, creo que fue la madre de J. quien lo apuntó con el dedo nada más leer traducidos los primeros versos.